Un cable en la calle

En mi escuela primaria era una tradición que los alumnos que ingresaban al cuarto año tuvieran una actividad, que según los profesores servía para moldear el carácter de un niño. Esta actividad consistía en cuidar a dos huevos de gallina como si fueran tus hijos. Confieso que estaba muy emocionada porque en ese entonces el tema de los hijos era muy vigente y siempre lo platicábamos en los descansos.
Yo escogí que mis hijos fueran un hombre y una mujer. Los vestí y los deje muy bonitos para presumirlos con los demás. Los coloque en una canasta y los llevaba a todos lados. Un día en el receso deje mi canasta en una jardinera y se los encargue  a mi  amiga mientras yo iba a comprar una banderilla. Gran error. Cuando llegue mi niña estaba rota. Aún no logro explicarme como sucedió; mi amiga no dijo nada, así que asumí que no coloque bien la canasta en la jardinera y murió.
Con la muerte de mi niña decidí cuidar más al niño; lo cambie de lugar, ya no lo tenía en la canasta, sino que lo cambié a una pequeña casita de madera. Cada huevo tenía la firma de la profesora y para pasar el bimestre tenía que tener ambas firmas. Como solo tenía una, falsifique la firma en otros huevitos para evitar que me regañará, en sí solo necesitaba transportar dos niños, pero fue tanta mi afición a sacar 10, que mi niño tenía como cinco hermanos nuevos con falsificaciones.
A todos los tenía en la pequeña casita de madera. La clase en la escuela era completamente normal, solo que entre los alumnos se comentaban las muertes de nuestros hijos y de cómo nos recuperaríamos de tener una mala calificación. Ese era el último bimestre y si no nos iba bien, podríamos reprobar la materia de ciencias naturales. Casi nadie sabía lo que le había pasado a mi niña, pero nadie sabía mi plan de ocultar la evidencia.
Un día saliendo de la escuela, mi mamá nos llevó caminando como de costumbre a nuestra casa. Cabe mencionar que la escuela me quedaba como 20 minutos  caminando. Así que ese día no fue la excepción; caminamos hacía la dirección de nuestra casa. Como a la mitad del camino note que en una casa había un cable colgando del techo que se amarraba al árbol de la esquina. De pronto observe como mi hermana menor sin mayor problema brinco y alcanzó el cable.

Yo pensé que sí ella podía y era menor yo también podría hacerlo. Tenía a mi lado mi casita y con mucho entusiasmo brinque y alcance el cable. Pero no me di cuenta que al momento de hacerlo descuide mi casita y solo vi en cámara lenta como caía mi niño. El único huevito que me quedaba yacía en el suelo, como un huevo estrellado. Con mucha tristeza le hice un rápido funeral y me fui. Al otro día al pasar por ahí note que seguía la mancha de mi huevo y estuvo ahí como un mes, recordándome ese día donde alcancé el cable. En la escuela saque 10, porque la profesora hizo un examen, pero en mi conciencia quedo la imagen de mi pobre niño que está en el cielo.

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